Son las 7 de la noche. Llegaste muerta del trabajo. Y antes de quitarte los zapatos, ya te está esperando la misma pregunta de siempre: ¿qué hago de cena?
Abres la nevera. La miras. La vuelves a cerrar. Nada.
No es que no haya comida. Es que no tienes ni idea de qué hacer con ella. Otra vez.
Entonces pasa lo de siempre: pides algo por app que ni querías, o calientas el almuerzo recalentado, y te acuestas con esa culpita calladita.
Y mientras tanto, tu airfryer ahí, en el mismo rincón, haciendo las mismas tres cosas de siempre.
No te falta creatividad. Te falta un plan.






















